1.Introducción
Contexto y
referentes metedológicos de este ensayo
a)Bajo este
título: Discurso Político Hegemónico y
Nuevos Espacios Democráticos se está
llevando a cabo una investigación en el
Instituto de Filosofía y en el ININCO de la
Facultad de Humanidades y Educación de la UCV.
Están asociados a este Proyecto, el CBELA,
Centro de Estudios Brasileiros de la
Universidad de Sâo Paulo (Brasil) y el
Instituto de Investigación de la Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos
Aires (Argentina).
b)Metodología
transdisciplinaria: Desde un espacio de
reflexión filosóco-política, articula niveles
de análisis sociológicos, psicoanalíticos,
semióticos, sobre las prácticas discursivas
ejercidas desde el poder.
c)Un
Subproyecto de Investigación sobre los
discursos de los candidatos presidenciales en
la campaña para las elecciones de diciembre de
1993, sirvió también como marco a esta
comunicación. Se aplicó al discurso recogido
en textos y al discurso televisado, un
instrumento construido sobre el formato de la
"Escala para medir autoritarismo encubierto
en los discursos de opinión" de Susana
Neuhaus (en S. Neuhaus. "La racionalidad en
crisis. La reconstrucción de un paradigma para
las ciencias sociales". Inédito).
El primer
producto de esta investigación está condensado
en el ensayo de Hugo Calello, "Caldera:
discurso político, caos y gobernabilidad",
Anuario ININCO N°5, 1993.
2.El
discurso populista
En el ensayo
citado supra trabajamos el discurso
político de los candidatos a la presidencia.
En los cuatro candidatos predomina lo que
hemos denominado el discurso de los
caudillos fundadores del populismo. Desde
Perón hasta Carlos Andrés Pérez y Carlos Menem
el discurso de caudillo triunfante se fundaba
en el poder ofrecerse al pueblo-masa, como el
único realizador posible de su deseo (poder,
riqueza, amor).
El carácter
autoritario de esta relación pasa por el
erotismo machista al cual se subsume el
hombre masa anulando no sólo su posibilidad de
pensamiento crítico sino también su
realización libidinal en tanto ser social (S.
Freud, 1979).
Caldera, el
candidato triunfante en estas elecciones, si
bien sintetiza cierto popul-cristianismo
(vox populi-vox dei), no representa la "tipicidad"
populista (tipo Perón o Betancourt), ni la
neopopulista (tipo Carlos Andrés Pérez y
Menem). Por el contrario, se presenta como
alternativa al vacío generado por la caída de
un caudillo que violenta la promesa populista
en tanto se identifica con las fantasías
del imaginario neoliberal y se pliega a su
discurso político hegemónico (Ver Calello H.,
1993).
Caldera cubre
el vacío, por expresar un signo contrario en
imagen y discurso a Carlos Andrés Pérez y
Chávez (su frustrado continuador): la
imagen del padre providencial salvador de los
hijos frustrados por el antiguo liderazgo.
Su discurso
político refleja su presencia mítica, soberbia,
autorreferente y además su distancia con el
pueblo degradado, al cual va a salvar pero
sin identificarse con él. Su autoridad y su
autoritarismo no nace de su identificación con
el pueblo, sino de su distancia con respecto a
él. El pueblo es seguidor, sólo chiripa,
cucaracha. Pero como dijimos antes Caldera es
anacrónico, un producto de la relativa
atipicidad política venezolana, en el bloque
histórico latinoamericano en la actualidad. La
globalización y la neodominación liberal
necesitan otro tipo de caudillo. Un caudillo
mimético que sepa ejercer el poder con el
permanente doble mensaje: conducir a las
masas con la palabra vacía, liberada de la
exigencia racional de la articulación
discursiva.
3.El poder
de la jerga
T. W. Adorno,
en un texto que si bien forma parte de su
ópera magna: "Dialéctica Negativa", fue
publicado por separado bajo el título "La
ideología como lenguaje" (Taurus, 1989)
desarrolla un brillante análisis de la
relación entre la filosofía de "la
autenticidad" (el existencialismo de
Heidegger, Jaspers y Kierkegaard) y el
autoritarismo de masas, expresado en el
fascismo y el nacional-socialismo. Veamos el
tema en el mismo texto de Adorno:
"Las palabras
se convierten en palabras de jerga sólo por la
constelación que niegan, por el aporte de
unicidad de cada una de ellas. Lo que la
palabra singular perdió de magia se le otorga
de un modo dirigista, como por medidas
oficiales… Las piezas integrantes de lenguaje
empírico son manipuladas en su rigidez, como
si lo fueran de una lengua verdadera y
revelada… el éter es rociado mecánicamente,
las palabras atomistas son ataviadas sin ser
modificadas. La jerga, objetivamente un
sistema, aplica como principio organizado la
desorganización, la desintegración de palabras
en sí (Op cit.,
pág. 12).
"El elemento
preconceptual y mimético del lenguaje lo toma
ella (la jerga) bajo su dirección, así el "mensaje",
por ejemplo, quiere hacer creeer que la
existencia del hablante da a entender que sin
esa superabundancia el discurso sería
inauténtico y la pura atención de la expresión
a la cosa un pecado. Para fines demagógicos,
este formalismo resulta favorable. Quien
domine la jerga no necesita decir lo que
piensa, ni siquiera pensarlo rectamente, de
esto lo exonera la jerga que, al mismo tiempo,
desvaloriza el pensamiento
(Op. cit., pág
13).
Las tesis de
Adorno son más que una reflexión sobre un
pasado fascista. Cobran vigencia en la
coyuntura de nuestra realidad actual, en la
medida que estamos sobrellevando un "modo de
vida" en el cual la universalización de la
jerga, en tanto del dominio de la palabra
descontextualizada del discurso y del proyecto,
es a la vez, causa y consecuencia del
entronizamiento de lo banal, eje dominante
de un presente "desde cuya infinitud sólo
es posible pensar en el futuro" (Heidegger
M., 1978).
Es evidente que
la expansión universal de esta jerga, más allá
de las objetivas desigualdades entre países y
regiones, puede parecer un atributo positivo
de una globalización democratizante. Sin
embargo, si reflexionamos un poco sobre
nuestra realidad, más allá de la banalidad que
la jerga propone, esta apariencia se derrumba.
La jerga no ataca sólo el discurso de la
racionalidad opresora impuesta por el Sujeto
trascendental, como la define Horkheimer
(Horkheimer, 1978), ataca toda forma de
comunicación discursiva elaborada, y aun las
irrupciones que en ella nos permitirían
acceder al nivel significante clave para la
comprensión del discurso: el del
inconsciente. La jerga descontextualiza al
receptor masa, lo somete al mensaje, le
otorga su identidad sólo através de la
obediencia a la palabra vacía.
4.El poder
de la palabra vacía
I
La democracia
en América Latina parece, cada véz más,
reducida a los rituales de un formalismo
electivo y delegativo, no se encarna en
avances reales en la amplianción de las
opciones económico-sociales y en la vigencia
de los "derechos humanos".
A despecho de
algunos optimistas que ya hemos rebatido en
otros textos (Ver Calello, 1993), es evidente
que la caída de los regímenes
autoritarios-genocidas, si bien acabó con el
terrorismo de Estado omnipotente, no varió las
relaciones de desigualdad, de la exclusión de
grandes mayorías de los "prometidos bienes de
consumo", y produjo un nuevo ingrediente de la
penuria latinoamericana: la
molecularización del autoritarismo y la
violencia bajo la consigna "libertad para no
pensar", la liberación del acto regido por el
encono y la agresividad (Ver Finkielcraut,
1989). De este modo la buena voluntad
nietzscheana de la crítica al normativismo
impositivo del sujeto occidental, se
transforma del nihilismo crítico al nihilismo
fatalista del "vale todo", del no te metas,
del no te importa…
En el pasado,
desde la década de los 50, la América Latina
pujante y esperanzada en el "desarrollo",
empieza a sufrir socialmente las graves
consecuencias estructurales del
neocolonialismo. Una masificación urbana, cada
vez más exigente económica y socialmente,
demuestra el anacronismo de los modelos
políticos existentes frente a la masificación,
y promueve las primeras grandes crisis de "gobernabilidad".
Surge la
alternativa salvadora para una gobernabilidad
que no altere el habitual equilibrio de poder
nacional e internacional: los gobiernos
populistas.
II
Ya hemos
definido las características del primer
populismo, protagonizado por los caudillos
fundacionales (Ver Calello, 1989, y en prensa)
y apuntando una consideración fundamental
sobre sus sucesores, los caudillos
miméticos (por su capacidad para
travestirse de acuerdo a la conveniencia de
circunstancias que les toca afrontar). En la
investigación que sirvió de base para el libro
en prensa, que citamos supra, hemos
estudiado esta relación Betancourt-Pérez y
Perón-Menem. Si bien existen diferencias,
podemos definir una mayoría de elementos
comunes entre ambas continuidades. De todas
maneras, como Pérez ya es historia vamos a
caracterizar esta relación entre Perón (fundacional)
y Menem (mimético), tomando sólo algunas de
las categorías utilizadas en el texto.
Caudillo
fundacional (Perón)
-Discurso
articulado de identificación popular
"Yo soy sólo
uno de ustedes, un soldado humilde que sólo
quiere devolverle la dignidad al pueblo…".
-Discurso que
califica la identificación
"Los
trabajadores, los peronistas, los cabecitas
negras, los soldados de la patria…"
-Discurso que
identifica enemigos desde el nacionalismo y el
clasismo anacrónico
"Los yanquis,
la oligarquía, los vendepatria…"
-Discurso
identificado ideológicamente
"Ni yanquis, ni
marxistas, sólo peronistas; Doctrina Nacional
y Popular. La tercera Posición".
-Discurso
afectivo
"Evita, Perón:
un solo corazón…"
Caudillo
mimético (Menem)
-Discurso de
identificación general, sin clasificación
"Gobernaré para
todos los argentinos, sin exclusiones…"
-Discurso que
no califica enemigos ideológicos sino sólo
coyunturales
"Los
resentidos, el amarillismo, los que no quieren
aceptar el triunfo de los mejores…"
-Discurso
afectivo
"Yo los quiero
mucho a todos ustedes, aún a los que me
critican, porque sé que están equivocados…"
-Discurso
antiideológico
"No gobernamos
con doctrinas, sólo con sentido común y buenas
intenciones…"
-Discurso
ideológico
"Estamos con
los EEUU, en las buenas y en las malas, en la
guerra y en la paz, somos sus amigos
incondicionales…"
"Hemos
derrotado el estatismo y su falsa soberanía.
La privatización ha sido una clave para
incorporarnos al primer mundo…"
"El mundo libre
sólo podrá tener buenas relaciones con Cuba,
si Fidel Castro abandona el poder".
-Los múltiples
discursos autoritarios etnocéntricos
"La gran
mayoría de los marginales no son argentinos…"
"La invasión de
las viviendas es consecuencia de que los
extranjeros pobres acuden al país para buscar
un techo…"
"El cólera no
existe en ninguna provincia argentina, fue
traído por los migrantes ilegales de los
países limítrofes…"
La democracia
que hoy vivimos podemos decir que en gran
parte se la debemos a los militares que
derrotaron a la subversión en la llamada
guerra sucia…"
III
Además de las
características que hemos puntualizado hay
otras contraposiciones que son interesantes de
resaltar:
En tanto el
Caudillo Fundacional es una figura que
prefiere un lenguaje grandilocuente (el líder
que posa para la historia), que lo coloca
por encima de la masa, a pesar de pretender
ser uno de ellos, su condición emblemática de
conductor atraviesa una distancia, que lo
identifica como "el que ve más allá", el
Caudillo Mimético trata de presentarse a los
seguidores como un hombre común, como un
muchacho más del café, del fútbol, pero
siempre mostrando que es el número uno, el
más hábil con la pelota, el más rápido en el
retruécano, el que levanta más mujeres
deseables.
El Caudillo
Fundacional "acuñará las grandes frases",
revistiendo las ocasiones en las que aparece
en los medios de la solemnidad necesaria dado
que su palabra va dirigida a todos y por
todos debe ser escuchada. De ahí las
transmisiones radiofónicas y televisivas en
cadena, y el monopolio que su figura y su
noticia deben tener sobre el control
monopólico de la prensa escrita.
El Caudillo
Mimético maneja el "slogan" reductivo y
banalizante de sus logros y lo coloca en todos
los espacios mediáticos, sobre todo en
aquellos que no son específicamente políticos.
La frecuencia de participación mediática
en programas de opinión, noticieros,
reportajes inducidos, etc., es una condición
para su permanencia como caudillo emblemático.
Su mensaje, su figura, su voz, deben ser
incorporados a la cotidianidad de la
privacidad familiar. La televisión es el medio
ideal para mantenerlo incorporado a la
atención flotante de los espacios sociales,
grupales, familiares, amistosos en los cuales
se pueden gestar los consensos o los disensos
con respecto al poder en la moderna sociedad
de masas.
El Caudillo
Fundacional intentará crear una nueva clase
política, representativa del sector masivo del
cual surge su poder. Será de todas maneras
partido, movimiento y poder sindical inscritos
en la estructura política tradicional. O
sea operando dentro de una dimensión
institucional y un lenguaje que
constituyen el espacio de "lo político",
dentro de la globalidad de la sociedad.
El Caudillo
Mimético, por el contrario, ha captado la
muerte de la política y sus "sujetos
tradicionales y trascendentales". Ha
recogido (obviamente sin saberlo) la propuesta
heideggeriana que supone la abolición de la
utopía, del futuro, y proclama el goce
supremo de la tecnología del presente, de lo
intrascendente y de lo banal que nos ofrecen
los medios de comunicación (Ver Adorno,
cit. Supra y Váttimo, G. 1987).
Los cantantes
populares masivos e intrascendentes, los
grandes comunicadores en venta al mejor
postor, los héroes deportivos sedientos de
prolongar su fama más allá del ocaso, serán su
nueva clase política, los intermediarios del
poder de una palabra vacía que sabe cuál es
su destino en la articulación del consenso
rutinario pasivo.
Una escena
rescatada de un programa televisivo resume la
claridad del caudillo mimético en lo que hace
al "destino de su mensaje".
El caudillo
saca a bailar un tango a la hermosa
anfitriona-modelo de un programa de opinión,
al cual fue el invitado "estrella". El
caudillo es esmirriado pero erguido y
desafiante. Sin embargo, su cuidado bisoñé,
apenas llega un poco más arriba de los pechos
de su compañera. Pero apenas comienza el "acto"
(la danza), se diluye la imagen grotesca de la
pareja. Las figuras del tango marcan con
claridad quién es el conductor-poseedor de la
hermosa mujer.
Al público
crítico puede parecerle ridícula esta figura,
pero para la inmensa masa sometida pasivamente
al televisor, la masa que ya no participa en
calle como antaño junto al caudillo
fundacional, la masa pasiva y zombizada del
área deprimida del mundo "globalizado", para
la masa abúlica pero políticamente decisiva,
la imagen del Caudillo Mimético es la del
único posible realizador de su deseo.
Bibliografía
Adorno, Theodor W.
1992 La Ideología como lenguaje.
Taurus. Madrid.
AA.VV. 1983. "Discurso
Político y Nuevos Espacios Democráticos". Pub.
Interna ININCO, Instituto de Filosofía,
Postgrado de Humanidades. Caracas.
Calello, Hugo.
1989. Los Verdugos de la democracia.
Alfadil, Caracas.
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1993ª. "Caldera: discurso político, caos y
gobernabilidad". Anuario ININCO N°5,
F.H.E., UCV, Caracas.
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1993b. Metafísica y Pragmatismo de la
democracia en América Latina. Rev. EIAL,
Universidad de Tel-Aviv, Israel.
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En prensa: El Neopopulismo y la Perduración
de los Verdugos.
Finkielcraut,
Alain. 1989. La Derrota del Pensamiento.
Gedisa, Madrid.
Freud, Sigmund.
1979. Obras Completas. Tomo XVII,
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Heidegger, Martin.
1978. Identidad y Diferencia. Taurus,
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Horkheimer, Max.
1979. Teoría crítica. Monte Avila,
Caracas.
Neuhaus, Susana.
En prensa. La racionalidad en crisis. La
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ciencias sociales.
Vattimo, Gianni.
1987. El fin de la Modernidad. Gedisa,
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