El abordaje
lógico del ser sexuado
Carlos
Bermejo
Este texto
recoge la presentación del libro Real y
simbólico en el último Lacan. Un camino de
ida y vuelta. Apuntes para una lógica de los
cuantificadores: “Inexistencia” y
“No-del-todo”. Libro del que subscribe y
que aparecerá próximamente en las librerías
especializadas.
Lo real psicoanalítico
Este trabajo
es una incursión en la teoría lacaniana de
la modalización. Deseamos poner en relación
la doctrina analítica y su rigorización, que
sabemos que no puede ser la que se desprende
del discurso científico. ¿Por qué la lógica
que se desprende del inconsciente no es la
misma que la habitual en la ciencia? ¿Es que
son muy diferentes? Un principio se impone
en la ciencia: la verdad de los enunciados
de la doctrina debe ser equivalente a una
supuesta verdad en el real estudiado. Dicho
de otra manera, hay leyes en lo real que
controlan, determinísticamente o no, los
acontecimientos. Es lo que se conoce como
isomorfía deseada entre la teoría y su
objeto.
Podríamos
decirlo de la siguiente forma: hay un saber
verdadero y uno falso y el saber de la
teoría tiene que ser necesariamente
verdadero, lo que impone que el saber
verdadero coincide con un real. Indicamos
que, si puede haber un saber falso, esto
significa que el saber y la verdad no
coinciden, pero sobre todo significa que
puede haber un saber disjuntado de un
supuesto “saber en lo real”. De ahí que le
pareciese a Aristóteles que era necesario
efectuar una modalización de cómo se
presenta la verdad en relación al saber. Si
la verdad podía ser necesariamente
verdadera, pero por otro lado podía ser
imposible o contingente o posible, resultaba
que desde la teoría del conocimiento se
acababa -y esto no se ha puesto de
manifiesto con claridad- de escindir el
proceso del pensamiento, que crea una
realidad, de un real. Toda la teoría
filosófica del conocimiento trata de cómo
hacer que realidad y real vayan paralelos,
es decir, de cómo discernir lo verdadero de
lo falso, y en consecuencia construir una
realidad que sea isomorfa a dicho real.
Luego la modalización aplicaba al proceso de
elaboración de la teoría y al final se debía
purgar lo que no fuese necesariamente
verdadero; por eso la ciencia básica del
conocimiento era y es la lógica. El paso
científico es absolutamente rígido, en dicha
reducción, a lo necesariamente verdadero,
pero sin hipótesis de un saber en lo real, “hipótesis
non fingo” indicaba Newton. Lo real más
bien se rige por una matemática que por un
saber. Esto último implica el paso a la
escritura, con la que podríamos decir que el
discurso de saber de la ciencia produce una
escritura que, de ser verdadera (paso a la
proposición), coincidiría con una especie de
escritura en lo real (las leyes de la
naturaleza escritas por un Dios matemático).
Se nos podría
oponer que lo probabilístico, una forma de
teorizar lo contingente, no es así, pero son
conocidas las elaboraciones, por ejemplo de
Carnap, para indicar que no se trata de que
una proposición tal como « el dado tiene una
probabilidad de 1/6 de producir un 6 »
quiera decir que la verdad de la proposición
« sacar un 6 » sea 1/6 verdadera, sino que
la proposición « sacar un 6 tiene una
probabilidad de 1/6 » es verdadera. El
precio de esta cabriola es que se nos ha
colado la verdad semántica (Tarski), ya ha
aparecido el metalenguaje, tan apreciado en
la ciencia, ya que su doctrina es toda un
inmenso metalenguaje.
Utilicemos
nuestras categorías: resulta que las
operaciones obtenidas mediante el registro
simbólico, basado en el significante, no
tienen por qué ser isomorfas a un real. Éste
es el principio psicoanalítico fundamental.
En este punto deja de ser una ciencia, caída
del Ideal científico de la realidad igual a
lo real, isomorfía que el método debía
asegurar. La polaridad clásica saber-verdad
se abre a un triángulo saber-verdad-goce; el
saber procede de lo simbólico, la verdad
procede del semblante y el goce procede de
lo real. Éstos no pueden nunca superponerse
en una especie de Ideal que podríamos
denominar un saber verdadero gozante, típico
de las sectas, pero tampoco como un saber
verdadero, fundamento de la ciencia. La
tesis lacaniana, en tanto el inconsciente
está estructurado como un lenguaje, implica
una verdad del dicho y no del decir; es
« la verdad, yo, hablo » pero sólo se puede
decir a medias. No es una desconexión
completa de la verdad de lo real. Este punto
es muy importante a la hora de elaborar la
doctrina de la interpretación: no-cualquiera
sirve. Ya no tendremos sólo la verdad del
significante, sino una segunda verdad: la de
la estructura. Situémosla.
Entre el
saber y lo real se nos sitúa el goce y ahí
aparecerá el semblante fálico. Luego
levantar la verdad del sujeto, primera
definición de la interpretación, nos
planteará el goce en juego. En Freud, el
goce provenía de la pulsión; en Lacan, en la
época del Escrito “Subversión del
sujeto…”), también. Pero habría que
diferenciar el goce del recorrido pulsional
del goce del objeto. ¿Qué es el objeto en
psicoanálisis? No se trata de un objeto
fenoménico ni de un objeto de la realidad,
sino un resto que no puede significarse. Es,
pues, la primera manera de teorizar algo de
ese real que no pude pasar por el
significante. Quisiéramos aclarar que el
objeto aparece, lógicamente, por la
imposibilidad de que lo que se teje en la
diacronía sea equivalente a lo que se teje
en la sincronía, o dicho de otro modo, no
existe el Todo que incluya los todos
diacrónicos y sincrónicos.
Luego el objeto aparece rompiendo la
posibilidad ideal de que la cadena del
significante sea isomorfa a la cadena del
significado. Una vez más, habrá que
diferenciar la teoría del valor (saussoriana
o marxista) del plus-de-goce.
Por el
contrario, el sujeto aparece dividido entre
la cadena del enunciado y la de la
enunciación, de ahí que el fantasma haga de
significación-nudo entre las dos divisiones.
Por eso aparece como respuesta al
significante de una falta en el Otro. Es muy
común confundir la cuestión del metalenguaje
en Lacan; el metalenguaje se da entre la
cadena del significante (aunque sea dividida
en las dos: enunciado y enunciación) y la
cadena del significado y nunca entre las dos
cadenas del significante. Por eso es la
significación del significante de una falta
en el Otro,
, el que indica que dicha función metalingüística
falla. Insistimos, falla por el hecho de
intentarlo. Entre las dos cadenas del
significante, o entre el Ello y el
inconsciente, aparecen tres operaciones:
alienación, trasferencia y verdad.
Ahora bien, el objeto ¿es
todo lo que no pasa de lo real a lo
simbólico ¿qué queda fuera del correlato
fantasmático? ¿Qué hay en ese espacio que se
abre con el –j ?
El esquema R es común tanto al lado
masculino como al femenino en tanto es la
estructura de la realidad psíquica. Pero
hemos dicho que real y realidad no coinciden
en el discurso psicoanalítico, luego el
objeto causa del deseo, petit “a”, deberá
pasar a ser un representante del
plus-de-goce.
Por otro
lado, si es un real que no-pasa y para pasar
hay que pasar por lo escrito,
es entonces el auténtico real lo que no se
puede escribir, quedando el real del
preconsciente, o del real ich como
secundarios, y sobre todo la pulsión, como
representante de dicho real, queda del lado
de lo necesario. Sólo con lo dicho se
justifica ya por qué en la doctrina
psicoanalítica la modalización es intrínseca
a su discurso. No sólo aparece lo necesario
del Uno de la repetición,
sino lo imposible a escribirse. Un imposible
que, a diferencia de la ciencia, sí tiene
importancia en la doctrina, ya que la
modalización es dialéctica. Es un discurso
en acción, luego lo que no se escribe no
cesa de no escribirse; y lo mismo para los
demás modos. En la ciencia sí es imposible,
pues no se escribe y punto (un cuerpo no
caerá hacia arriba nunca).
Encontrarán
tratada esta modalización aristotélica en la
primera parte. Evidentemente, encontrarán la
modificación que Lacan efectúa para
adaptarla al discurso psicoanalítico y no
quedarse con la de la lógica al uso, sea de
la filosofía o de la ciencia.